Nacido en Francia en 1772, Tarrare fue un miembro del ejército francés. A primera vista lucía como un hombre normal que incluso era de complexión delgada y estatura media. Sin embargo, su cuerpo escondía un secreto que haría historia: un apetito sobrenatural.
Su vida temprana

A temprana edad trabajó para artistas callejeros quienes notaron su talento: podía comer y comer sin parar, frutas, piedras e incluso animales completos.
Más tarde, al iniciar la guerra de la Primera Coalición, se unió al ejército, donde rápidamente llamó la atención, pues a la hora de comer, él solo podía comer las raciones de 15 hombres y aun así quedar con hambre.
Llamó la atención e hicieron pruebas con él; se registró que llegó a comer gatos, perros, serpientes e incluso anguilas de un solo bocado. Era imparable y todo esto, sin alterar su apariencia de un hombre normal.
Su cuerpo

Su condición llamó la atención de los médicos militares, quienes intentaron “curar” su apetito sometiéndolo a tratamientos con la esperanza de normalizar su metabolismo.
Probaron con láudano, píldoras de tabaco, vinagre de vino y grandes cantidades de huevos crudos, pero nada funcionó.
Tarrare nunca se sintió saciado y, en su necesidad de obtener comida, se le llegó a ver buscando desperdicios en las alcantarillas, peleando con perros callejeros por los restos de carne podrida y hasta consumiendo carne de la morgue del hospital.
Su final
Un día desapareció un pequeño niño del hospital e inmediatamente las sospechas cayeron sobre él y fue expulsado. Pasó el tiempo y su salud decayó y murió de tuberculosis y diarrea avanzada.
Tras su muerte, durante la autopsia, los médicos descubrieron:
- Órganos anormalmente grandes
- Sistema digestivo igualmente grande, lleno de úlceras y pus.